
Ejemplares de herbario de planta de yerba mate Ilex theezans C. Martius.
Colección Yerba Mate. Museo de Farmacobotánica "Juan A. Dominguez", FFYB - UBA.
Bonpland y las colecciones de Ilex paraguariensis.
El cultivo de “yerba mate”
El conocimiento científico de la región rioplatense
fue uno de los temas de mayor interés para Bonpland.
Dedicó gran parte de sus investigaciones particularmente a la yerba mate,
ya que el desarrollo productivo de esta planta tenía, a su entender,
un potencial económico importante para el país.
Bonpland fue el primer botánico europeo en redactar la descripción de la yerba mate
y proponer su nombre científico.
Aproximadamente entre 1818 y 1820 le asignó la denominación Ilex theaezans.
Sin embargo, el nombre no se aplicó a la yerba mate debido a que en 1823,
antes de que se conociera el trabajo de Bonpland,
Auguste de Saint-Hilaire publicó una descripción a la que denominó Ilex paraguariensis.

Croquis de la Isla Martín García.
Archivo Bonpland. Museo de Farmacobotánica "Juan A. Dominguez". FFYB-UBA.
Los diarios botánicos de Bonpland en Sudamérica,
en particular el primer Journal de Botanique,
iniciado en Buenos Aires en febrero de 1817
y alojado en el Museo de Historia Natural de Paris,
contiene las anotaciones de sus intensos trabajos botánicos
en Buenos Aires y en la isla Martín García,
y el registro de la yerba mate.
En 1832, cuando Bonpland se enteró de que Saint-Hilaire había clasificado
y publicado la yerba mate o Ilex paraguayensis,
defendió frente al botánico la anterioridad de su descubrimiento y su clasificación.
Bonpland también contribuyó a la descripción botánico-taxonómica de algunos vegetales parientes del mismo género Ilex al que pertenece la yerba mate.
Estas especificaciones se encuentran documentadas en su Journal de Botanique
(publicado por Domínguez en 1924).
Entre las denominaciones propuestas por Bonpland se encuentran Ilex brevifolia,
I. crepitans, I. gigantea, I. humboldtiana e I. ovalifolia.
Estos nombres botánicos, acuñados por el naturalista para plantas desconocidas por la ciencia en ese entonces, permanecieron inéditos y recién fueron publicados entre 1861
y un cuarto de siglo después de su muerte. (Giberti, 2011).

Retrato de Vicente Quesada.
Museo Histórico Nacional (MHN).
En su texto de 1857 “La Provincia de Corrientes”
Vicente Quesada le dedica a la yerba mate un capítulo
en el que destaca el trabajo de Bonpland.
En el comienzo de su exposición, Quesada remarca la importancia de esta especie
en el comercio rioplatense, que en esa época se concentraba
en los territorios de Paraguay, Misiones y Brasil,
y las grandes posibilidades que ofrecían algunas zonas, como Corrientes,
para cultivar este árbol con buenos resultados.
Según Quesada, Bonpland consideraba que la yerba mate
podía cultivarse ventajosamente en los márgenes de los ríos Uruguay y Paraná,
y en la provincia de Corrientes.
En una carta dirigida al gobernador correntino Juan Pujol,
Bonpland le comenta que la yerba que se fabricaba en los yerbales plantados
era de mejor calidad que la de los montes naturales;
la razón era que, al estar expuestas igualmente a la acción del sol,
las hojas de los yerbales plantados adquirían un grado de madurez
más perfecto y parejo.
A su vez, aconseja realizar las cosechas en tiempo oportuno,
y las diversas operaciones de fabricación, sucesivamente y sin interrupción.
Mapa de los yerbales del pueblo de Jesús
Mapa de Yerbales Jesuitas. 1766. Copia de 1806.
Archivo Bonpland. Museo de Farmacobotánica "Juan A. Dominguez"

Según Bonpland, en Corrientes existían dos clases de yerbales: los naturales y los artificiales.
Los segundos habían sido plantados ordenadamente bajo la dirección de los jesuitas.
La capacidad de producción de ese territorio dependería de la forma de cultivo
y de que se adoptaran medios más racionales para la fabricación de la yerba mate.
Para que fuera productiva era necesario primero reconocer todos los yerbales
y luego cambiar el sistema con el que se venía elaborando,
que era el mismo que habían adoptado los indios guaraníes
desde la época de la conquista del Paraguay.
Bonpland también planteó la gran importancia del podado de la planta en las épocas adecuadas.
Afirmaba que todas las plantas arborescentes debían ser podadas en una época oportuna;
generalmente, la poda debía realizarse en el tiempo en que hubiesen madurado sus frutas
y antes de que se manifestaran sus flores.
Según Bonpland, los hombres que se habían dedicado a fabricar la yerba
no habían tenido en cuenta esta cuestión y habían podado en todas las estaciones del año.
Ese error había provocado la destrucción de los yerbales naturales,
tanto en el Paraguay como en Corrientes y Brasil.
​
A partir de sus estudios, Bonpland le propuso al gobierno de Corrientes
un plan para el cultivo de la yerba mate en los antiguos terrenos de San Javier:
“después de haber hecho los trabajos indicados,
es de suponer que se podría verificar con ventaja
el proyecto que tengo formado desde tantos años
de mejorar los yerbatales cultivados,
y al mismo tiempo mudar enteramente el método antiguo
de fabricar yerba.
En fin, se formaría en San Javier la primera quinta modelo
para la cultivación de la yerba mate…” (Quesada,1857: 89).
La influencia de Bonpland sobre el cultivo y los modos de producción de la yerba mate
se hizo sentir ya desde los últimos años de su vida.
De igual manera, sus enseñanzas sobre una forma más adecuada
de explotar los yerbales naturales y sus intentos de dominar el cultivo de este árbol
(por ejemplo, sugiriendo mejoras en las técnicas
destinadas a posibilitar la germinación de las semillas)
influyeron en las formas de producción de yerba mate hasta las primeras décadas del siglo XX.

Maqueta sobre el proceso de elaboración de la Yerba Mate "Cancha".
Colección Yerba Mate. Museo de Farmacobotánica "Juan A. Dominguez”.
Representación del proceso de "canchado" de la elaboración tradicional de la yerba mate a campo
entre 1890 y 1930. Esta etapa del proceso de elaboración se efectuaba en una cancha sobre suelo limpio o sobre lienzos. Esta molienda se lograba a golpes de machetones.
El canchado permite obtener un producto de menor volumen que puede ser envasado provisoriamente
y conservado en depósito.
